Mons. Michel Aoun, obispo de la eparquía católica maronita de Biblos (Jbeil), Líbano

EL CATECUMENADO Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA
DE LA IGLESIA

El ministerio de preparación de los adultos para recibir los sacramentos del bautismo y la confirmación es una de las obras más importantes en la misión de la Iglesia. Como el creyente se integra en la Iglesia por medio de los sacramentos de la Iniciación Cristiana, esta obra debe ser ante todo eclesial, en colaboración con los diversos organismos de los hijos de la Iglesia: sacerdotes, consagrados y laicos practicantes.

Para comenzar, debemos llamar la atención sobre el hecho de que, según la Tradición, la enseñanza de los catecúmenos se ha basado en varios elementos complementarios: escriturísticos, dogmáticos, morales y litúrgicos. Al mismo tiempo, se ha puesto mucha atención en que esta enseñanza vaya acompañada de un cambio en la vida del catecúmeno. Con este fin, durante este período de formación se realizaron numerosos y diversos actos de penitencia, como vigilias, ayuno, oración y adoración.

En este contexto, san Cirilo de Jerusalén, a mediados del siglo IV, pide a los catecúmenos que se den prisa en aprender las enseñanzas de los libros sagrados. Como el bautismo trae consigo la liberación de los oprimidos, el perdón de los pecados y el segundo nacimiento del alma, los catecúmenos tendrán que preparar sus corazones para enfrentarse al dragón (es decir, a los enemigos, a los demonios) que les espera en el camino. San Cirilo escribe así: «Preparad los corazones para recibir las enseñanzas y participar en los santos sacramentos. Perseverad en la oración, para que Dios os haga dignos de los misterios celestiales y eternos. No dejéis de rezar, día y noche. Y cuando el sueño escape, volved a rezar».(1)

Sin duda, la enseñanza y la homilía sirvieron de base importante para la transmisión de la fe en la vida de la Iglesia. San Pablo utiliza el verbo katēchéō (1 Cor 14,19), que significa enseñar la fe oralmente, y en la palabra katechoúmenos (Gál 6,6) indica que el que recibe la enseñanza de la Palabra debe compartir sus bienes con su maestro. Veremos más adelante que estas palabras serán utilizadas en los escritos de los Padres de la Iglesia, al mencionar el proceso por el cual los candidatos bautismales escucharán las homilías catequísticas, de modo que, por medio de la fe, lleguen a una nueva vida.

Poco a poco, el catecumenado evolucionó hacia una etapa de enseñanza y preparación para el bautismo de los candidatos paganos. Se benefició de la experiencia de los primeros cristianos que habían sufrido persecuciones y reiteró que la nueva fe debe encontrar su expresión en la vida cotidiana. A principios del siglo III en Cartago, en la obra que narra el martirio de Felicidad y Perpetua, y también en Alejandría en la época de san Clemente, obispo de la ciudad, encontramos que, por primera vez, el catecumenado se describe como una auténtica formación. Asimismo, el texto de la Tradición Apostólica (n. 17), que se remonta al siglo III, menciona el catecumenado como una formación que debe durar tres años.

En efecto, el aumento del número de candidatos al bautismo, la amenaza de la persecución, la presencia de herejes, la disminución del número de creyentes y la apostasía durante la persecución del emperador Decio llevaron a la Iglesia a instar a los catecúmenos a perseverar en la preparación para el bautismo durante el mayor tiempo posible. Durante el siglo IV, el siglo del gran kerygma (proclamación de la fe), con la paz de Constantino en el año 313, se incorporaron nuevos conversos a la Iglesia y el catecumenado pasó a ser una organización sólida con un carácter bien marcado.

La necesidad en los primeros siglos de preparar bien a los candidatos al bautismo, llevándolos a una fe madura, sigue siendo válida en la actualidad. Muchos adultos recurren hoy a nuestros sacerdotes y a nuestras diócesis con la esperanza de ser bautizados y llevados a la Iglesia. Solo serán aceptados tras una rigurosa preparación, tanto en el conocimiento del catecismo como en el desarrollo de la fe.

Con este fin, gracias a la experiencia adquirida con los catecúmenos de las diócesis maronitas de Beirut y Biblos (Jbeil) en el Líbano, Mons. Antoine Assaf y el P. Michel Sakr han sido designados para preparar este libro, cuyo esquema sigue la antigua tradición eclesial.

En el pasado, la catequesis consistía en leer y explicar a los catecúmenos pasajes de la Biblia y exponerles gradualmente el contenido del Credo, para que pudieran memorizarlo y profesarlo solemnemente antes de recibir los sacramentos del bautismo y la confirmación. En su libro Peregrinatio Etheriae, Egeria, peregrina española, da la mejor descripción del kerygma recibido a diario durante la Cuaresma, una práctica de la que fue testigo durante su peregrinación a Tierra Santa (381-384 d. C.). Ella relata que la catequesis duraba tres horas y comenzaba con la oración de exorcismo, acompañada de la imposición de manos (Tradición apostólica, 20). El objetivo de la catequesis era lograr la aceptación del Credo y su confesión solemne, y terminaba con la enseñanza a los catecúmenos de la oración del Señor, el Padre nuestro.

En el espíritu de esta antigua tradición, los padres Sakr y Assaf han elegido el evangelio según san Mateo como base de las enseñanzas dadas hoy a los catecúmenos que están conociendo a Jesucristo y sus enseñanzas. La obra comienza con el tema del nuevo nacimiento, al que hace referencia el diálogo entre Jesús y Nicodemo. A esto le sigue el relato de san Lucas sobre la infancia de Jesús. Las enseñanzas están repartidas en treinta y tres capítulos. En cada uno de ellos se explica un pasaje del evangelio y luego se muestra cómo se relaciona con la vida de los catecúmenos. La enseñanza contiene una dimensión teológica y espiritual que expone el contenido de las verdades dogmáticas cristianas del Credo.

Por último, quiero agradecer al padre Assaf y al padre Sakr esta obra eclesial y catequética que han emprendido, basada en sus años de experiencia en la enseñanza teológica y bíblica, y que muestra un gran amor a la Iglesia y a aquellos que solicitan el bautismo. Espero que este libro sea una valiosa referencia para los sacerdotes que acompañan a los catecúmenos en su camino espiritual. Espero que también sea de ayuda para todo el que desee conocer a Jesucristo, el Señor y Salvador, y que quiera conocerlo personalmente, con el propósito de abrirse a un nuevo nacimiento en el Espíritu a través del sacramento del bautismo. Por medio del bautismo, el misterio de la muerte y la resurrección de Cristo se realiza en la vida del creyente.


(1) San Cirilo de Jerusalén, Sermones. Sermón primero.

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