INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

San Ireneo de Lyon (c. 140-202) dice en la introducción de su Comentario al Libro de Isaías: «Quien ignora las escrituras ignora a Cristo». San Efrén el Sirio (c. 306-373) añade: «Dios ha adornado su Palabra con muchas bendiciones, para que todos los que la estudian encuentren en ella su deleite… Su palabra es un árbol que se nutre de los frutos que da, es la roca abierta en el desierto que se ha convertido en la fuente de bebida espiritual, para cada hombre, en todo el mundo». San Cesáreo de Arlés (c. 474-542) proclama: «La Palabra de Dios no es menos valiosa que el Cuerpo de Cristo; así como cuando recibimos el Cuerpo de Cristo cuidamos de que nada se nos caiga de las manos, también cuidamos de que la Palabra de Dios no sea arrancada de nuestros corazones cuando se dirige a nosotros».

Para los cristianos, la Biblia es el libro más importante. Sin embargo, el cristianismo no es una religión del «Libro», sino la religión de una Persona, Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. La Biblia relata la historia de la salvación que Dios trajo a la vida humana; habla del amor de Dios por su pueblo, y nos invita a vivir una existencia de amor, perdón y paz. Además, abre la posibilidad de la salvación a los no creyentes, a través de los testigos de la Palabra, que la han llevado a todos los rincones del mundo y que la han predicado a todas las naciones.

1. La Biblia es una biblioteca de 73 libros

La Biblia no es un solo libro, sino una colección de muchos libros. Se puede comparar con una biblioteca, compuesta de 73 obras: 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento. Esta biblioteca consta de varios géneros literarios. Nombremos algunos de ellos:

  • Las narraciones históricas: recuerdan el pasado con el fin de desarrollar un sentimiento común de familia. Si un hombre escucha las historias de sus abuelos, se vuelve más consciente de sus raíces familiares.
  • La epopeya: también aquí se cuenta el pasado, pero para elogiar a sus héroes e inspirarse, aunque sea a costa de algún detalle.
  • Los códigos de la ley: organizan la vida del pueblo y ayudan a la cohesión social.
  • La liturgia y las celebraciones (los «sacrificios», por ejemplo) son expresión de un modo de vida común, de la misma manera que toda fiesta une a la familia. Dado que estas celebraciones se centran en actividades de carácter religioso, ilustran la relación de unidad que existe entre el hombre y Dios.
  • Los poemas, los cantos y los salmos expresan la oración del pueblo, sus convicciones y su fe.
  • Las palabras proféticas: son palabras pronunciadas por Dios para llevarnos a la verdadera fe.
  • Las enseñanzas de los profetas y de los sacerdotes: son prescripciones morales, parábolas y narraciones.
  • La literatura sapiencial: son reflexiones sobre los grandes temas de la vida, la muerte, el amor, el origen del mal y del sufrimiento, etc.

El Antiguo Testamento está compuesto por 39 libros llamados protocanónicos, escritos originalmente en hebreo, que son aceptados por todos los cristianos y judíos. Está dividido en tres partes: la Torá, compuesta de 5 libros; los Profetas (Nebi’im), que consta de 21 libros; y los Escritos (Ketubim), que incluyen 13 libros.

Los libros deuterocanónicos, que nos llegaron en griego y se añadieron al canon en una etapa posterior, también forman parte del Antiguo Testamento. A partir del siglo XVI, fueron considerados apócrifos por los reformadores. Estos libros son 7 en total: Tobías, Judit, Primer Libro de los Macabeos, Segundo Libro de los Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, así como algunos capítulos de Ester y Daniel.

En cuanto al Nuevo Testamento, fue escrito en tres fases. La primera fase es histórica. Habla del Jesús histórico, su nacimiento, su vida entre nosotros, su muerte y resurrección. La segunda fase comienza después de la resurrección. Es esta una fase de tradición oral en la que se originó el primer kerigma de los apóstoles, y en la que se compusieron los primeros himnos cristianos. Alrededor del año 51 d. C., comienza la tercera fase. Esta es la fase de redacción, la fase de la cristalización. ¿Por qué el Nuevo Testamento se puso por escrito? Hay dos razones para ello. En primer lugar, porque se estaba perdiendo gran parte del conocimiento histórico de Jesús; en segundo lugar, porque el número de predicadores en todo el mundo iba en aumento y esto justificaba la redacción de la memoria apostolorum, o «memorias de los apóstoles». Se escribieron muchos libros, pero, por primera vez en la historia, en el año 382, gracias al papa Dámaso I, los 27 libros del Nuevo Testamento fueron reunidos en un solo documento. Los concilios posteriores confirmaron esta decisión. El canon de Muratori del siglo II (alrededor del año 180 d. C.) solo incluía 21 libros. ¿Cómo llamamos a los demás libros que no aparecían en la lista de los 27 libros del papa Dámaso? Se conocen como apócrifos. Están excluidos de la liturgia porque no contribuyen a la fe del creyente. Finalmente, ¿qué criterios se aplicaron para decidir si un libro era canónico o apócrifo? Hubo tres consideraciones: 1) si tenía origen apostólico; 2) su aceptación y uso en las primeras comunidades cristianas y por los Padres de la Iglesia; 3) las declaraciones de los Concilios de la Iglesia y de los antiguos cánones de que se trata de libros inspirados por el Espíritu Santo y que guían a la Iglesia y alimentan la fe. Así, podemos afirmar que hay 73 libros sagrados canónicos de la Iglesia católica. Todo lo demás que no se ajusta a estos criterios se conoce como apócrifo. El canon ha sido establecido y la revelación ha concluido. No se puede añadir ningún otro libro al canon.

2. La Biblia es el libro principal de la Iglesia

«Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,11-12). La Iglesia es la comunidad de creyentes en Cristo, su pueblo, «el de su propiedad», que vive permanentemente en su presencia.

Las celebraciones litúrgicas de la Iglesia son consideradas como fuentes de gracia. Al participar en estas celebraciones, Cristo continúa obrando su acción salvífica en favor de los fieles. Por eso decimos que la liturgia es el espacio privilegiado de la Palabra de Dios. Hay una relación intrínseca entre la Biblia y los sacramentos. Esta relación no es otra que la unidad entre lo que Dios dice y lo que hace, «porque la Palabra de Dios es viva y eficaz» (Heb 4,12). Los siete sacramentos incluyen, en su primera parte, una liturgia de la Palabra. El oficio divino y la Liturgia de las Horas no son sino liturgias de la Palabra que recuerdan la oración practicada por Jesús en la sinagoga.

La proclamación de la Palabra de Dios en la Iglesia no se limita a las celebraciones litúrgicas. La Iglesia proclama la Palabra de Dios a los creyentes y los instruye en ella, cumpliendo así el principal mandato de Jesús después de su resurrección: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20). De esta manera, cuando se enseña el catecismo en escuelas y parroquias, los creyentes son formados en la comprensión de la Palabra de Dios y en cómo ponerla en práctica en sus vidas. En los grandes encuentros eclesiales como los Congresos Eucarísticos y las Jornadas Mundiales de la Juventud, la Iglesia se esfuerza por explicar la Palabra de Dios y dar la enseñanza que construye la fe. Por eso podemos decir que las Sagradas Escrituras han estado y siguen estando en el corazón del florecimiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Como dijo Cristo: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido» (Jn 15,16). A través de la práctica de la Lectio Divina y de la meditación personal sobre la Palabra de Dios, Dios continúa inspirando las opciones de vida de muchas personas y su condición de creyentes en el mundo.

3. La Biblia es el libro para los cristianos comprometidos en el mundo

La tercera parte de la Exhortación Apostólica Verbum Domini llama a los cristianos a vivir la Palabra de Dios, así como a comprometerse con el mundo en los siguientes ámbitos:

  • La Palabra de Dios y la política: la Biblia llama a todos los que están comprometidos en la esfera política y social a vivir de acuerdo con el mensaje del evangelio en términos de justicia y paz. El político cristiano tiene el deber de inspirarse en el evangelio para sus declaraciones y su postura política.
  • La Palabra de Dios y los jóvenes: los jóvenes tienen un deseo sincero de conocer a Cristo; de este modo, la Palabra de Dios guía sus elecciones. Su deber es escucharla con cuidado y atención y sacarle provecho constantemente.
  • La Palabra de Dios y los migrantes: los migrantes tienen derecho a escuchar la Palabra de Dios. Hay dos categorías de migrantes: los que vienen a establecerse en países cristianos, pero no conocen a Cristo; y los que emigran de países que están impregnados de tradiciones cristianas, como los orientales. Ambos grupos tienen derecho a participar en la celebración de la Palabra de Dios y a recibir las enseñanzas de la fe cristiana.
  • La Palabra de Dios y el sufrimiento: a lo largo de los siglos, Jesús siempre ha estado cerca de los que sufren. La Palabra de Dios es cura para sus enfermedades y bálsamo para sus heridas.
  • La Palabra de Dios y los pobres: la caridad debe ir acompañada de la proclamación de la Palabra. El pan de la Palabra debe ser distribuido con el pan ordinario y con la ayuda material ofrecida a los pobres.
  • La Palabra de Dios y la ecología: la Palabra de Dios llama al hombre a maravillarse de la creación y a proteger el medio ambiente. Las oraciones de los Salmos, por ejemplo, están llenas de alabanza y gloria por la creación de Dios. El hombre tiene el deber de respetar la tierra.

4. La Biblia es un libro de arte y cultura

La Biblia es un tesoro cultural. Contiene valores humanos y filosóficos que han influido positivamente en la humanidad. Abundan las obras de arte cuyos temas y palabras han sido inspirados por la Biblia: música, iconos, estatuas e himnos. Estas obras ofrecen un gran disfrute a muchas personas. Solo hay que entrar en la Capilla Sixtina en el Vaticano, por ejemplo, para sentirse maravillado por la representación artística del Juicio Final.
Asimismo, es sorprendente ver cómo la Palabra de Dios se difunde hoy en día a través de los medios de comunicación modernos, como los medios de comunicación sociales, la radio, la televisión, internet, etc. De esta manera, se llega a una audiencia mucho mayor. Este uso de los medios de comunicación animará a que se desarrollen nuevas formas de enseñar la Biblia. Estos desarrollos pueden resultar más eficaces que los métodos tradicionales de predicación.

La transmisión de la Palabra de Dios, su traducción y difusión, comenzó con el Antiguo Testamento, en la época de la reforma de Josías (622 a. C.), y posteriormente con Esdras y Nehemías. La primera traducción del Antiguo Testamento, la Septuaginta, el libro utilizado por los judíos en el primer siglo del cristianismo, apareció tras la expansión de la civilización griega por el Mediterráneo. A través de los siglos, se produjeron muchas traducciones de la Biblia. Había tantas que, con la llegada de la imprenta en 1450, el primer libro en imprimirse fue naturalmente la Biblia. De hecho, la Biblia es el libro más traducido, impreso y distribuido en el mundo. A pesar de ello, muchas personas todavía hoy esperan una traducción de la Biblia en su propio idioma, de modo que el mensaje bíblico pueda ser transmitido fielmente a todo el mundo.

Conclusión

La Sagrada Biblia es la última palabra de Dios a la Iglesia. Ninguna otra palabra sagrada puede ser proclamada hasta la Segunda Venida de Cristo, quien pronunciará su última palabra para juzgar a los vivos y a los muertos; esperando este regreso, el Espíritu y la Esposa clamarán: «Maranatha! ¡Ven, Señor Jesús!»

La Sagrada Biblia es ciertamente la última palabra de Dios, pero los cristianos de hoy necesitan una nueva evangelización y una escucha atenta y fresca de las inspiraciones del Espíritu Santo; necesitan escuchar la Biblia de nuevo, buscando nuevas formas de vivir su fe cristiana. Por eso, el papa emérito Benedicto XVI convocó en Roma el Sínodo de los Obispos del 7 al 28 de octubre de 2012, para tratar sobre la nueva evangelización y la transmisión de la fe. Después del sínodo, se publicó una importante exhortación apostólica sobre este tema.

Para concluir, dirijámonos a la santa Virgen María —Madre de la Palabra y Madre de la Alegría—, que respondió en obediencia a la Palabra del Señor y dio su fíat al ángel Gabriel. Ella era la madre de Jesús en la carne; de hecho, Jesús dijo un día que también era madre de sus hermanos, los que hacían la voluntad de su Padre en el cielo: «El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mt 12,50). Ella lo siguió durante su vida pública hasta la cruz y cuidó de los apóstoles y discípulos hasta Pentecostés y sus primeras misiones, ganándose la bendición de su Hijo, que afirmaba: «Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 11,28).

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