Capítulo 24: El domingo de Ramos

Introducción
Lectura y comprensión del evangelio
Enseñanza teológica y espiritual
Lectura y meditación

1. Introducción

Los sacramentos de la iniciación cristiana (el bautismo, la confirmación y la Eucaristía) confieren al creyente una vida nueva en Cristo. Sin embargo, nuestro viaje hacia la felicidad eterna comienza en la tierra, donde encontramos todo tipo de tentaciones y dificultades, y a menudo somos débiles, tropezamos y pecamos. ¡No podemos ser bautizados de nuevo! Cristo Jesús, médico de las almas y los cuerpos, quiere que la Iglesia continúe su acción curativa y salvadora, incluso para sus propios miembros. Así, vivimos dos tipos de arrepentimiento en la vida cristiana: un arrepentimiento primordial y fundamental, que cambia todo nuestro ser; y otro arrepentimiento continuo, vivido todos los días en nuestros compromisos. ¿Alguna vez te has arrepentido profundamente de haber hecho algo malo en tu vida? ¿Cómo entiendes el «pecado»? ¿Sientes la necesidad de experimentar la misericordia de Dios? ¿Es suficiente con que una persona se arrepienta personalmente, sin reparar la culpa ni hacer las paces con los que ha herido? Eso es lo que vamos a ver hoy mientras interpretamos el evangelio de Zaqueo, el recaudador de impuestos, y el significado del sacramento de la reconciliación.

2. Lectura y explicación del evangelio

Zaqueo, el recaudador de impuestos (Lc 19,1-10)

1Entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. 2En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, 3trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. 4Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. 5Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». 6Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. 7Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». 8Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más». 9Jesús le dijo: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. 10Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

2.1 Explicación

El evangelio comienza describiendo a Zaqueo como un hombre de pequeña estatura, recaudador de impuestos y pecador, pero aun así busca encontrarse con Jesús. La historia de Zaqueo enseña que, sean cuales sean nuestros límites físicos o morales, no pueden impedirnos que nos encontremos con Jesús. Ya estemos físicamente enfermos, o en pecado, o incluso alejados de la fe, debemos saber que siempre se nos sigue ofreciendo la salvación.
El centro del texto de Lucas es el encuentro con Cristo (vv. 5-6). Este encuentro cambió el camino de muchos en Jericó, así como la vida y el comportamiento de Zaqueo. Esta reunión se transformó en una alegre acogida de Jesús, por parte de Zaqueo, en su casa. Esto muestra cómo la presencia de Jesús es una fuente de alegría. Así, entendemos que buscar constantemente a Jesús es la fuente de toda paz, alegría y salvación.
En el texto, Jesús repite la palabra «hoy» dos veces (vv. 5 y 9). Esto demuestra que cada día es un «hoy» para Cristo. Ni ayer ni mañana: hoy es el día de salvación; retrasar el arrepentimiento no nos beneficia, porque «hoy» tenemos una oportunidad de salvación. La primera reacción al encuentro proviene de los «murmuradores» (v. 7): critican el comportamiento de Jesús, juzgan que Zaqueo sigue siendo un pecador y creen que Jesús ha actuado de manera irreflexiva al quedarse en su casa. Esta actitud de los detractores murmuradores no es un buen ejemplo para nosotros los cristianos. Jesús nos pide: «No juzguéis para que no seáis juzgados»; esto debería hacernos dejar de pensar mal de los demás, prejuzgándolos de por vida. Jesús quiere que les demos la oportunidad de renovar su imagen de una manera diferente a nuestra primera impresión.
Luego vemos lo que Zaqueo ha logrado en su arrepentimiento (v. 8). El «cuatro veces más» que se compromete a devolver podría haber sido dictado por la ley judía o ser una regla del derecho romano. Sin embargo, el texto pone menos énfasis en el cumplimiento de la ley que en la generosidad del arrepentido Zaqueo. Lo importante es que materialicemos nuestro arrepentimiento, a través de acciones concretas que prueben que hemos cambiado al descubrir la misericordia de Dios y su amor por nuestra debilidad.
El final del relato (vv. 9-10) habla del Hijo del hombre que vino a buscar al que estaba perdido para salvarlo. Al hacerlo, manifiesta su gran amor por el mundo y su voluntad de hacer que todos los hombres, incluso los pecadores, saboreen la alegría de la salvación. Aquí Jesús aparece nuevamente como el buen Pastor que corre tras sus ovejas para que no se extravíen en el camino. Basta solo con estar con Cristo. Si pertenecemos a su rebaño, él nos alimenta a diario y nos acompaña constantemente con sus bendiciones. Entonces no nos perderemos en el camino, escucharemos su voz, escucharemos sus palabras, viviremos en constante alegría interior y recibiremos, después de largos años, la salvación eterna.

2.2 Resumen y práctica

El evangelio de hoy es muy rico en enseñanzas. De él nos quedamos con las siguientes conclusiones espirituales: siempre debemos buscar el encuentro con Jesús, participando en la Misa dominical y en la oración personal diaria, porque todo encuentro con él es fuente de paz. Cuando pecamos, debemos pedir perdón enseguida, especialmente a aquellos a quienes hemos ofendido; una confesión auténtica requiere examen de conciencia, contrición, confesión, reparación y propósito de enmienda. No debemos, en ningún caso, juzgar a otros por su apariencia o según nuestras propias opiniones. Por el contrario, debemos pensar en ellos de manera positiva. La confianza en el amor de Dios y su capacidad infinita de perdonar nuestros pecados nos invita a hacer un acto de fe en aquel que es el fiel pastor de nuestras almas, no queriendo que nadie se pierda, sino que todos se acerquen a la fuente de salvación y se llenen de bendiciones.
Para compensar una vida egoístamente malgastada, amasando dinero y bienes mundanos, según la lectura de este texto, tenemos que compartir con nuestros hermanos, hombres y mujeres, las bendiciones de las que Dios nos ha llenado. La solidaridad entre ricos y pobres es una de las llamadas urgentes de este texto, además del arrepentimiento y la reparación de las injusticias. En términos concretos, nuestra penitencia puede tomar la forma de donaciones a organizaciones benéficas, o de apoyo a orfanatos y hogares de ancianos, o también la forma de ofrendas y otras ayudas.

3. Enseñanza teológica y espiritual

El pecado y el arrepentimiento

La vida del hombre consiste en tener una buena relación con Dios, pero cuando se aleja de su Creador, el hombre se aleja, en realidad, de la fuente de la vida, de lo que lo hace vivir, crecer y alegrarse. Como el amor de Dios es ilimitado y nada le impide darse al hombre, él se revela en el desconsolado, para que no quede atrapado en las tinieblas y en el mal, sino que se convierta al arrepentimiento y se abra de nuevo a Dios. En el arrepentimiento de Zaqueo vemos hasta qué punto le sacudió la iniciativa de Jesús y cómo le hizo reflexionar sobre el daño que estaba haciendo a los demás y, por lo tanto, a Dios.
El pecado es lo que nos aleja de Dios. Es una ofensa cometida contra él, como si le dijera: «Me gustaría hacer lo que me apetece según mis inclinaciones, aunque sea contrario al amor y no cumpla tu mandamiento». Eso es lo que sucedió con Adán en el paraíso: contradijo la palabra de Dios, y siguió su propio deseo de ser como Dios, escuchando la voz del diablo. Y eso es lo que también sucede cuando me tomo a mí mismo como la referencia que decide lo que está bien y lo que está mal, deshaciéndome de la Palabra de Dios.
Así pues, peco cuando traiciono voluntariamente la relación con Dios, con el hombre o conmigo mismo. Puede ser en el pensamiento, en la palabra, por lo que he hecho (obra) o por lo que he dejado de hacer (omisión). Y así, me alejo de la verdad, y mi corazón se rodea de tinieblas.
Para mí, este pecado rompe mi camino hacia Dios. Pero él permanece siempre como un Padre misericordioso, que nunca abandona a sus hijos como presas del lobo salvaje. Por eso, Dios trata de iluminarme de nuevo; hace que el Espíritu Santo intervenga para recordarme que Dios me ama. Y cuando me arrepiento y regreso a él, le veo abriendo sus brazos para abrazarme y perdonarme. El arrepentimiento es entonces mi regreso al Padre, es el acto de retirarme del camino que me alejará de Dios. Y como nadie puede perdonarse a sí mismo, el perdón se recibe como un regalo: me presento ante el sacerdote para ser absuelto de mis pecados.
Cuando me acerco al sacerdote para confesarme, para hacer un acto de contrición y pedir misericordia, él me ayuda para que pueda retomar el camino correcto y redescubrir el comportamiento de un cristiano fiel, rechazando el pecado. En efecto, cuando recibo el sacramento de la misericordia me siento aliviado de un peso muy grande, me doy cuenta de que el amor de Dios es más grande que todo mal, porque viene a habitar en mi corazón y solo a él pertenece la victoria.

4. Leer y meditar

Lectura del Catecismo de la Iglesia Católica

Las numerosas formas de penitencia en la vida cristiana

La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo, la intercesión de los santos y la práctica de la caridad «que cubre multitud de pecados» (1 Pe 4,8).

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