Capítulo 2: La Anunciación a la Virgen María

Introducción
Lectura y comprensión del evangelio
Enseñanza teológica y espiritual
Lectura y meditación

1. Introducción

Existen numerosos textos sobre las diferencias entre María (Mariam) en el Corán y María en la Biblia. Nuestro objetivo no es intentar probar cuál de estas visiones es la correcta, sino que consiste en mostrar las características de la fe cristiana y dar a conocer a María a través de la palabra de Dios, así como de las enseñanzas de la Iglesia.

María se diferencia de los demás seres humanos por su Inmaculada Concepción; permaneció virgen incluso después de concebir a Jesús y fue elevada al cielo en cuerpo y alma. Ella es virgen y madre, que llevó en su vientre al Hijo de Dios, concebido no por simiente humana, sino por el poder del Espíritu Santo: de ahí su glorioso nombre de «Madre de Dios». Ella también es nuestra madre, porque hemos recibido la gracia de la adopción a través de Cristo. Debemos amarla como hijos suyos, buscando su consejo y ayuda en momentos de angustia, porque Jesús no rechaza sus súplicas.

2- Lectura y explicación del evangelio:

Anuncio del nacimiento de Jesús (Lc 1,26-38)

26En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». 29Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 34Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37porque para Dios nada hay imposible». 38María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

2. 1- Explicación

La anunciación tiene lugar en Nazaret, Galilea, no en Jerusalén ni en el Templo. Bien sabemos que no se puede comparar la marginalidad de Galilea con la importancia religiosa de Jerusalén. Nos encontramos con una persona de modesta condición social: una virgen desposada; no nos encontramos con un sacerdote que ofrece incienso en el templo, como Zacarías. Para la encarnación, Dios ha elegido lo débil (una mujer), un lugar insignificante (Galilea) y un estatus social modesto. Todo esto indica una predilección por parte de Dios, su amor por los humildes y los pobres.
Lc 1,28: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». El saludo del ángel a María muestra cuán llena está de la gracia de Dios. El ángel espontáneamente la tranquiliza y le dice que Dios la protegerá y la apoyará en un acto gratuito de gracia. Le dice que va a dar a luz a un niño que será Hijo del Altísimo, y que Dios le dará el trono de su antepasado David. La anunciación tiene un marcado carácter cristológico, anuncia el nacimiento del Mesías redentor de nuestro mundo.

Lc 1,34: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?» La pregunta de María es racional, ya que está desposada con José, pero el matrimonio aún no ha sido consumado. ¿Cómo podría concebir sin conocer a un hombre? Su pregunta apunta a la imposibilidad, humanamente hablando, de que tal cosa suceda, a menos que tenga lugar una intervención milagrosa de Dios. El ángel le dice que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra, como la gloria de Dios cubrió a su pueblo durante el éxodo con Moisés: «Moisés no pudo entrar en la Tienda del Encuentro, porque la nube moraba sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada» (Éx 40,35). María concebirá por el Espíritu Santo y el que nacerá será llamado Hijo de Dios.

A una joven judía le habría resultado difícil desafiar las tradiciones sociales: una muchacha comprometida que estaba embarazada sería considerada adúltera, mereciendo la lapidación hasta la muerte. Dios, en su gloria, no negó su libertad de elección, ni la privó de su libre albedrío. Su respuesta, «He aquí la esclava del Señor» (Lc 1,38), fue una expresión libre de su intención incondicional de vivir esta experiencia. Su fe le había enseñado a obedecer la voluntad y los mandamientos de Dios, a pesar del misterio que envolvía su futuro. Su fíat fue el comienzo de las bendiciones que se derramarían sobre la humanidad: la redención se ponía en marcha a medida que Dios y el mundo se unían y crecían en su vientre. Por su reacción, María era expresión del «resto» fiel del pueblo judío, de quien escuchaba atentamente los preceptos de Dios y los ponía en práctica en su vida.

2. 2- Resumen y práctica

La anunciación nos enseña humildad, porque Dios ama a los humildes y viene a socorrerlos. Dios quiere que confiemos en su Palabra, que habla a nuestros corazones y los llena de amor, otorgándonos una paz y un calor que podremos encontrar en ningún otro lugar del mundo. Al igual que María, al descubrir la llamada de Dios en nuestro interior, al meditar en las Sagradas Escrituras, al buscarlo en oración, podremos llegar a conocer hoy la voluntad de Dios y escuchar su voz a través de la Biblia bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Podemos cambiar el curso de la historia cuando expresamos obediencia a la voluntad de Dios. Al igual que María, el Espíritu Santo viene a nosotros en el bautismo y nos puede santificar si queremos. El bautismo no nos priva de nuestra libertad, sino que nos otorga la redención y la santidad si llevamos una vida de arrepentimiento, penitencia y obediencia a Dios.

Tengamos a María por nuestra verdadera «madre celestial». Amémosla como sus verdaderos hijos e hijas. Sigamos su mensaje en las bodas de Caná en Galilea: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5). San Bernardo dijo: «Nunca se ha sabido que alguien que acudiera a tu protección, implorara tu ayuda o buscara tu intercesión quedara sin ayuda».

3- Enseñanza teológica y espiritual:

María en las enseñanzas de la Iglesia

La Iglesia es consciente de la gran importancia del papel de María, Madre de Jesús, porque estuvo presente en el comienzo de la vida terrena de Jesús y en el nacimiento de la Iglesia. María estaba en el pesebre cuando los Reyes Magos vieron al «Niño y a su madre». Muchos historiadores nos dicen que las peregrinaciones a la tumba de María comenzaron muy temprano y que la creencia en su asunción a la vida eterna con su Hijo en el cielo se extendió rápidamente.

María fue concebida sin pecado original: los santos de la Iglesia primitiva, llamados Padres de la Iglesia, meditaron sobre su vida y su vocación. Concluyeron que el cuerpo que llevaba al Hijo de Dios no podía estar mancillado por el pecado. Llegaron a comprender, bajo la inspiración del Espíritu Santo, que el Señor la guardó libre de toda tendencia al mal desde su nacimiento. Esto no fue por propia voluntad de María, sino una bendición del Señor. Había participado, por así decirlo, anticipadamente en la redención que trajo su Hijo, porque no fue presa del pecado que manchó a la raza humana, aunque era humana como nosotros.

María es Madre de Jesús y Madre de la Iglesia: en la cruz, Jesús dijo a María, señalando a su discípulo amado: «¡Este es tu hijo!» Y al discípulo: «¡Esta es tu madre!» Estas palabras son muy queridas por todos los creyentes, ya que Jesús hizo de su madre la madre de todos los creyentes. Por eso, la Iglesia ha meditado mucho sobre la vida de María, para que aprendamos, como ella, a guardar en el corazón las palabras de Jesús y a meditarlas. La Iglesia ora a María y pide su intercesión, sabiendo que María está hoy y para siempre al lado de su Hijo, amándonos y orando por nosotros.

María es la Madre de Dios. Esta es la más fuerte de todas las creencias marianas. Ha habido muchos malentendidos sobre este tema. En ningún caso la Iglesia dice que María diera a luz a Dios antes de todos los tiempos, lo que implicaría que ella también era Dios. María dio a luz a Jesús en la «plenitud de los tiempos» y Jesús era, al mismo tiempo, verdadero hombre y verdadero Dios. Así, como es la madre de Jesús, Dios y hombre, podemos llamarla también Madre de Dios.

María fue elevada en cuerpo y alma al cielo: ¿cómo podía dejarse abandonado a la corrupción el cuerpo que llevó a Dios? Los primeros cristianos afirmaron que el Señor no permitió que el cuerpo de María se pudriera. Por esta razón, creemos que ella es imagen de la Iglesia y de la humanidad, que será invitada por Dios a compartir su gloria y no será presa de la corrupción y el polvo.

4. Leer y meditar

San Efrén de Siria (c. 306-c. 373)

Oh cítara mía, inventa nuevos motivos de alabanza a María Virgen. Levanta tu voz y canta la maternidad enteramente maravillosa de esta virgen, hija de David, que llevó la vida al mundo.

Dos mujeres, inocentes y sencillas, María y Eva, eran iguales en todo excepto en que una fue la causa de nuestra muerte y la otra es la razón de nuestra vida.

Tu divino nacimiento, oh Señor, ha conferido el nacimiento de toda la humanidad. Tu nacimiento en carne te trajo a la humanidad y tú naciste acorde con el Espíritu. ¡Gloria y alabanza a ti, oh Niño, que todo lo has hecho nuevo!

Esta arpa del Espíritu Santo tocará una dulce melodía en alabanza a María, que es el paraíso del Edén dado por Dios; allí no hay serpiente mortal, sino el árbol de la vida que devolvió a los exiliados de vuelta al Edén.

María llevó el fuego entre sus manos y ciñó entre sus brazos a la llama: acercó sus pechos a la hoguera y amamantó a Aquel que nutre todas las cosas. ¿Quién podrá contar sus favores?

El Verbo del Padre salió del corazón del Padre, y tomó forma en otro corazón; pasó de un corazón a otro, y estos dos corazones puros se llenaron de su presencia. ¡Bendito sea el que vive en nosotros!
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